Por la naturaleza de las clases presenciales, los alumnos pueden pasar hasta seis horas sentados y con pocas pausas para estirarse, y no está en la posibilidad de muchos destinar tiempo ni recursos a ejercitarse con la frecuencia recomendada.  

Los estudiantes prefieran destinar su tiempo de sueño para terminar con sus pendientes académicos y a llegar a tiempo a la universidad en vez de dormir las horas necesarias, pues el transporte público es mucho más económico que adquirir un vehículo propio y todo lo que este implica.  

Poner más sobre como afecta a la salud de distintas maneras como el sueño y el ejercicio, de manera breve y citando fuentes

Según un artículo de la UPAEP, es común que los alumnos dejen de lado la alimentación. Ya que el tiempo entre clases es limitado. La comida saludable, el comer a sus horas o simplemente comer puede llegar a ser una tarea sumamente complicada para un estudiante. En casa no hay tiempo para prepararse algún alimento. Tareas, proyectos y dormir se interponen ante algo que parece no tener consecuencias a corto plazo a diferencia de lo que no entregar una tarea pueda provocar.

Aunado a lo anterior, la falta de actividad física también es una problemática que presentan. Según informes de la OMS, tan sólo el 13.9% de los alumnos se ejercitan, Una cifra extremadamente baja que ha ido disminuyendo. Miles de estudiantes prefieren descansar a como dé lugar antes que ejercitarse, provocando un cansancio aún mayor así como falta de concentración en las clases.

Con todo lo anterior la salud mental es la más afectada. El burnout se escucha cada vez más en las aulas. Tan solo en México el 6.8% en promedio de los estudiantes tienen pensamientos suicidas. No solo es el estrés, distintas situaciones alimentan este tipo de pensamientos.

Cuando no alcanzamos a comer

El deterioro de los hábitos alimenticios de los estudiantes no es causado por falta de voluntad, sino por condiciones estructurales del entorno escolar que impiden comer a tiempo, bien y de forma accesible.  

Cuando pasas periodos de tiempo tan extensos en la universidad, comes cuando tengas oportunidad entre clases, a veces no hay tiempo de preparar algo para llevar de casa y terminas comiendo para lo que te alcanza en la cafetería, que muchas veces no es algo muy nutritivo. 

En la UAA, aunque la mayoría de los locales ofrezca opciones saludables, todas comparten la misma falla: el tiempo de servicio. En nuestra experiencia como estudiantes, los tiempos de espera son bastantes largos; la mayoría solemos esperar entre 15 y 30 minutos en todo el proceso.

Un proceso que consiste en dos esperas: esperar a ser atendido y esperar a que la comida esté lista. Sumadas, superan el poco tiempo que tenemos entre clases.

Demasiada demanda vs poca oferta; es decir, hay demasiados estudiantes y pocos espacios y en estos, el personal no es suficiente para atendernos a todos. A esto le sumamos que no atienden solo a los alumnos, sino también al personal administrativo, al personal de mantenimiento y a docentes de la universidad.

Ante esta dinámica, la decisión del estudiante deja de ser nutricional y se vuelve logística. Ya no elige lo que quiere o lo que necesita, elige lo que puede alcanzar a comer sin llegar tarde a su siguiente clase. Por eso muchos terminamos saltándonos comidas, comiendo en menos de cinco minutos, de pie y con prisa, o recurriendo a la comida rápida, no por preferencia, sino por velocidad.

Esto también afecta en el incremento del consumo de snacks ultra-procesados porque son más rápidos, dañando más la salud alimenticia. Sin embargo, al indagar en la opinión general sobre los locales de la UAA, nos encontramos con la siguiente investigación.

Realizada en 2023 por estudiantes de la Lic. en Mercadotecnia a 390 alumnos, demuestra que alrededor del 30% de los estudiantes come en los establecimientos de la UAA. Una cifra bastante considerable.

Así mismo, una gran mayoría de los estudiantes afirmó estar satisfecha con los servicios de comida.

Lo que nos tomó por sorpresa fue el segundo dato, que al parecer una gran mayoría también se encontraba satisfecha con los tiempos de espera. Un dato que choca completamente con nuestra realidad. Es probable que parte de quienes hayan contestado las preguntas de satisfacción se haya tratado del 61.5% de los encuestados que no come en la UAA.

Incluso aunque el tiempo de espera sea bueno, podemos concluir que la enorme cantidad de estudiantes que usan las cafeterías pueden terminar saturándolas.

Estudiantes se burlan de los largos trayectos a cafeterías

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